Around the world


París, Bcn, Los Ángeles, Shangai, Maryland, Palm Springs, Edinburgh, Munich, London, Moscú, Taormina, Pesaro, Ischia, Karlovy Vary, Espinho, Jerusalem, Foix, Marsella, Sarajevo, Montevideo, Seoul, San Francisco, San Miguel de Allende, Avanca, Lago, Locarno, Melbourne, New York, Monterrey, Haugesund, Asolo, Montreal, Venecia, Frankfurt, Budapest, Toronto, Lisboa, Copenhague, Vissingen, Drama, Bristol, Atenas, Ottawa, Salina, Helsinki, Zurich, Setubal, San Sebastián, Vancouver, Istambul, Reykjavik, Toulouse, Aspen, Valdivia, Berna, Sitges, Busan, Antalya, Bogotá, Milán, Abu Dhabi, Chicago, Varsovia, Amsterdam, Novara, Madrid, Bruselas, Sao Paulo, Taichung, Kiev, Tokio, Berlín, Valladolid, Viena, Montpellier, Albacete, Roma, Leipzig, Rio de Janeiro, Ginebra, Braunschweig, Mannheim, Estocolmo, México DF, Vilafranca del Penedés, Ljubljana, Alcalá de Henares, Soria, Kassel, Tallin, Amiens, Gijón, Bilbao, Badalona, Sevilla, Mar de Plata, Berga, Huelva, Goa, Torino, El Cairo, Cannes, Igualada, Verdome, Marraqueix, Malta, Liege, Carmayeur, Rotterdam, Clermont-Ferrand, Cartagena de las Indias, Miami, Punta del Este, Hong Kong… Seguimos…

Empezará pronto un nuevo paso, una nueva imagen, una nueva revista, una utopía más. Around the world, with the cinema. Festivales de cine, cultura que se encuentra cuando menos te la esperas, en esos momentos buscados de infinitas soledades compartidas con la pantalla. En todos los lugares.

Publicado en Literatura | Deja un comentario

Adiós, Lobezno, adiós: ‘Logan’


Pedro Cascos

Antes de nada, aclarar que quien escribe estas líneas no es fan de los X-Men, en general, ni del personaje de Lobezno o Wolverine, en particular, y sin embargo esta vez acudí al cine con la sensación de que me podía encontrar algo diferente, alertado de que con Logan se cerraba la trilogía que ha protagonizado este personaje y que surgió como spin of de la saga de los superhéroes mutantes. Y francamente la película no defraudó mis expectativas.

Hugh Jackman ―más cerca de los cincuenta que de los treinta y pocos que tenía cuando empezó a encarnar al personaje, allá por el año 2000― nos ofrece en su última función como Lobezno ―salvo sorpresas, que de todo se ha visto en esta vida, verbigracia, Terminator― un mutante agotado, aislado, con un terrible carácter que le aleja de cualquiera que se le quiera arrimar. Su empleo como conductor de limusinas no le lleva precisamente a confraternizar con la clientela ―más si alguien le quiere hacer una faena al vehículo― y su único vínculo afectivo, por así llamarlo, se reduce a la relación con el profesor Charles Xavier, que Patrick Stewart incorpora en su versión más decrépita con ciertos destellos de su antiguo poder, y con Caliban, otro personaje crepuscular, encarnado por Stephen Merchant.

 A ellos hay que agregar la aparición de la niña Dafne Keen ―que si a su alrededor la saben llevar podría construir una interesante carrera como actriz― y, en el lado oscuro, a Boyd Holbrook y Richard E. Grant. Todos ellos correctos, cumpliendo con el papel que se les ha asignado para la ocasión.

Con estos ingredientes en el elenco, sin olvidar a la enfermera Elizabeth Rodríguez, nos falta el marco. Año 2024 y un Estados Unidos nada prometedor, que entre sus políticas tiene la de experimentar con el genoma, pero más allá de sus fronteras: por qué no, en México. Así, la desértica frontera entre ambos países se convierte en escenario de muchas escenas, con persecuciones a lo Mad Max y un aire de western / road movie crepuscular, que se encargan de subrayar las diversas referencias al filme Raíces profundas: con fragmentos del clásico de 1953 incluidos, para mayor deleite, entendemos ―quizá se pasa un poco con la dosis―, del propio director, también autor del argumento y coguionista.

Este no es otro que James Mangold, quien también dirigió la anterior entrega de Wolverine, en España llamada Lobezno inmortal (2013), y que se ha encargado de poner fin a la carrera del superhéroe de las garras, desde el conocimiento del personaje que se le supone y que demuestra con las apariciones del tebeo en pantalla.

De este modo, Logan se convierte en un filme sugerente y entretenido casi todo el tiempo, en el que seguramente lo que menos importan son las escenas de acción ―o así le ocurrió a un servidor―; con un Jackman entregado de nuevo a la causa, que desarrolla un lado oscuro que, no por ya visto en otros héroes, deja de ser menos interesante, y que ha declarado que, pese a este cierre, el personaje de Lobezno siempre vivirá en él.

Y sí, probablemente no veamos más al actor encarnar el papel, pero no descartemos que se abran otras sagas, como ha sucedido con tantos superhéroes, desde Superman a Spiderman, pasando por Batman o Hulk. Para que no haya duda de que la puerta siempre está abierta, ahí queda esa generación de niños y adolescentes mutantes que sobreviven a los malos y que quién sabe qué aventuras nos depararán en el futuro.

Publicado en Cine | 1 Comentario

Una actuación perfecta: ‘Manchester frente al mar’


Pedro Cascos

Pocas veces una película toca un tema tan delicado con tanta sutileza y profundidad. Pocas veces un actor borda un papel así, como el que se pone un traje incómodo pero lo luce a la perfección. El tema es la muerte y el actor, Casey Affleck.

Con la muerte de verdad ―no como objeto de parodia―, con toda su crudeza, como elemento principal, podríamos pensar que el filme es candidato a alejar a los espectadores de las salas. Es posible, pero quienes lo descarten por eso cometerían un error. Se trata de un drama con tantos matices y tan buenas interpretaciones que dejarnos acompañar por sus más de dos horas de metraje termina por convertirse en un ejercicio que ayuda a entender mejor la condición humana: sus debilidades, sus errores, sus emociones ante las consecuencias y sus posibles reacciones.

La cinta pone el foco en alguien que continúa con su vida, con un profundo sentimiento de culpa, pero que continúa. Alguien que como no recibe un castigo externo se lo autoinflige: en su manera de vivir, de convivir, de habitar en el mundo. Y sin embargo, el guionista y director, Kenneth Lonergan, encuentra la forma de redimir al personaje, si es que eso fuera necesario, con una responsabilidad añadida a la de hacerse cargo de sí mismo: la de tutorizar a su sobrino: el contrapunto, Lucas Hedges.

Es ahí, al asumir esa misión, cuando el conflicto interior del personaje sale hacia fuera más a las claras: cuando vuelve a su Manchester de origen, cuando se enfrenta a los fantasmas del pasado. Y es ahí cuando el hermano pequeño de Ben Affleck se hace grande. No en una escena en particular, no, durante casi todo el metraje lo vemos con los hombros caídos, como si el peso que soportara sobre sus espaldas fuera demasiado para él. Y con ello, sus pocas ganas de conversar, sus peleas provocadas, el puñetazo en la ventana de su Manchester frente al mar.

Es probable que el título en español venga de esa escena, porque el original inglés es Manchester by the Sea, simplemente el nombre de la localidad en que se ambienta el grueso de la acción, y que si se tradujera de forma literal sería Manchester junto al mar, como se ha llamado, por cierto, en los países de la América hispanohablante.

En cuanto a Casey Affleck, quizá nos encontremos ante el papel más importante de su carrera hasta la fecha, la actuación más lograda, un personaje casi perfecto. Por él ya ha cosechado varios galardones ―entre otros, el Globo de Oro y el premio BAFTA― y apunta como uno de los favoritos al Óscar a mejor actor ―nueve años después de su nominación como actor de reparto por El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford―. Michelle Williams no se queda atrás y, en el papel secundario de su ex mujer, le da una excelente réplica cuando corresponde. También está nominada al Óscar, como lo ha estado en los Globos de Oro y como lo estuvo, en ambos premios, por Brokeback Mountain, Blue Valentine y Mi semana con Marilyn, ganando por esta última el Globo de Oro a mejor actriz de comedia o musical.

Al frente de la nave, Kenneth Lonergan, que ha escrito más que dirigido: Puedes contar conmigo, Margaret y la que nos ocupa son las únicas en la segunda categoría, mientras que a los guiones de estas en solitario se suman en coescritura los de Una terapia peligrosa, Las aventuras de Rocky y Bullwinkle y Gangs of New York. En los Óscar de este año se le ha nominado por las dos labores (guión original y dirección), acumulando el filme otras cuatro nominaciones: los dos actores ya mencionados, Hedges como secundario y mejor película. A fe que las merece, y quizá también ese montaje valiente e incluso arriesgado: con algunas idas y venidas en el tiempo, al servicio de la historia, y algunos momentos de alta tensión, como la escena en la comisaría después de que Affleck preste declaración.

Y todo gracias a una idea de Matt Damon, una vez más unido al apellido Affleck ―junto a su amigo Ben coescribió uno de sus proyectos más personales: El indomable Will Hunting, con la aparición de Casey como actor― y que esta vez ha coproducido el filme. Antes Damon le había encargado el guion a Lonergan, y él mismo iba a dirigirlo y protagonizarlo. Cuando le salieron otros proyectos como actor, la dirección recayó en el guionista y el papel principal en Casey, otro amigo, otro hermano ―con quien coescribió Gerry, para un nuevo filme de Gus Van Sant―, y para el que quizá haya llegado la consagración definitiva.

Publicado en Cine | Deja un comentario

Manchester by the sea


Es un despacho con cristales transparentes y la puerta cerrada. Un cubículo cuadrado con tres sillas dispuestas. En un lado de la mesa, dos policías de paisano. En el otro lado,  Casey Affleck. Son planos medios, de cintura hacia el rostro. Planos y contraplanos. Es una conversación. Una historia contada con pocas preguntas. Con escucha activa, queriendo que acabe todo, que las palabras se frenen. Hay un millón de cosas pequeñas que todas las personas olvidamos durante el día y nunca sucede nada. Nunca. O siempre. Lo que impresiona de Manchester by the sea es el pozo que te deja, la angustia que te produce, la tristeza que te envuelve, el conocimiento que todo lo que cuenta podría pasar a cualquiera, en cualquier día, cualquier hora, cualquier segundo. Es una cinta sin trampa ni tregua, es un paisaje humano, una mirada, un lugar, una noche. Es sencillo de explicar pero imposible de entender. Porque en el fondo todos sabemos que hay historias y mundos en los que no hay esperanza, no hay futuro, no hay sueños. Cerca de nosotros pero miramos hacia otro lado. Y la pregunta es ¿quién salvará a Casey Affleck?

Publicado en Literatura | Deja un comentario

Land of mine


La degradación a la que puede ser y estar sometido un ser humano es algo que a mikasweb le pasa factura. Las historias están mucho más cerca de lo que creemos, y la consciencia de la burbuja del bienestar nos supera y nos hace creer que el problema está muy lejos. Una historia más es la que nos cuenta Land of Mines, la película danesa que opta a los premios de la academia por habla no inglesa. Intentar verla sentado, sin apartar la mirada, sin sentir angustia, sin contener lágrimas, sin saber el porqué de tanta desgracia, tanta guerra, tanta lucha, tanta violencia, tantas vidas y familias cortadas y mutiladas, tanta sangre, tanto dolor, tanta decadencia humana… es algo imposible. Quizás ahí está la belleza de la cinta, en la constancia desde el primer segundo que lo que se verá es un ejemplo más de la barbarie a la que pueden verse sometidos los seres humanos. Hay algunos que ven esperanza en la película, pero mikasweb por primera vez quizás no encuentra nada de mensaje positivo, solo la descripción de una cruel realidad a la que seguramente sobrevivieron algunos afortunados o más fuertes físicamente. No sé si tampoco es necesario verla o no, en todo caso, si se ve el ejercicio de enfrentarse a todo lo que abarca cuando acaba la cinta sí que es necesario y positivo para seguir viviendo.

Publicado en Literatura | Deja un comentario

Crónica de una entrega anunciada: ‘Premios Goya 2017’


Pedro Cascos

Arévalo y Bayona, Bayona y Arévalo. O lo que es lo mismo: Tarde para la ira y Un monstruo viene a verme se convirtieron anoche en las dos grandes vencedoras de la 31 edición de los Premios Goya.

El filme de Bayona arrasó merecidamente con los premios técnicos (montaje, fotografía, música original, dirección artística, sonido, dirección de producción, efectos especiales, maquillaje y peluquería), a los que se sumó el de mejor director para un total de nueve premios. Mientras tanto, Arévalo fue reconocido como mejor director novel; recibió junto a David Pulido el de mejor guion original; vio cómo Manolo Solo se adjudicaba el de mejor actor de reparto —por una corta, pero enorme actuación en los bajos de un gimnasio—, y se llevó la gran alegría de que su Tarde para la ira recibiera el galardón a mejor película. Más de una vez Arévalo ha explicado que al filme le costó ocho años ver la luz, ocho años que, vistos los cuatro premios de ayer, han merecido la pena.

Algunos más, en concreto veinte, ha tenido que esperar Emma Suárez para lograr un nuevo Goya. Pero aguarden, que esta vez no ha sido uno, sino dos. La actriz madrileña fue la otra gran vencedora de la noche al conseguir sendos premios: como actriz protagonista por Julieta y de reparto por La próxima piel. Lejos quedaba su primer galardón con El perro del hortelano, último largometraje de Pilar Miró y que estuvo en el recuerdo anoche, y quizá por ello la sorpresa y enorme alegría de Emma al recoger en una sola ceremonia otros dos. No se veía nada igual desde 1988 con Verónica Forqué.

Como mejor actor protagonista se distinguió a Roberto Álamo por Que Dios nos perdone, mientras que los Goya a mejor actriz y actor revelación fueron para Anna Castillo por El olivo, y Carlos Santos por El hombre de las mil caras.

Sus interpretaciones sirvieron para que sus respectivas películas no se fueran de vacío, salvo en el caso de Santos, que además de ser premiado por su intrigante incorporación de Luis Roldán, fue testigo del galardón a mejor guion adaptado para Alberto Rodríguez y Rafael Cobos. Dos premios que seguramente supieron a poco para un filme que llegaba con once nominaciones y por el que Eduard Fernández, que sonaba como uno de los favoritos, esta vez no fue el elegido. Algo similar le ocurrió a Ruth Díaz, quien por Tarde para la ira fue mejor actriz en el Festival de Venecia y aquí fue desbancada como revelación por la intérprete de El olivo.

Presentó la gala con su soltura habitual Dani Rovira: arrancó con una soflama a lo 300 justificando el porqué de su “no hay dos sin tres” e hizo repetidas alusiones a Twitter y a las redes sociales, que a punto estuvieron de que no tripitiera como presentador. Ya metido en harina, se despachó con parodias de Tacones lejanos, o “cercanos” según su versión, para que Pedro Almodóvar le firmara la suela de un zapato, o de Superman, junto a la nueva presidenta de la academia, Yvonne Blake. “Enséñame el paquete”, le dijo esta entre risas.

Blake, junto a su vicepresidente, Mariano Barroso, hiló un discurso conciliador con el Gobierno. Dirigiéndose a los partidos en general, pidieron un pacto de Estado por el cine a la vez que subrayaban que es un sector que genera riqueza y puestos de trabajo. Y dejaron un dato: de los 105 millones recaudados en salas en concepto de IVA en 2016, el Estado destinó al cine español 77 millones. En palabras de Barroso: “Recaudó 28 millones de euros más de lo que gastó en el cine español”.

Eso, junto con una velada crítica a las políticas gubernamentales para con el sector por parte de la Goya de Honor, Ana Belén, y su denuncia de la marginación de las mujeres en la industria fueron las notas más reivindicativas de una gala que no deslumbró, pero que fue ágil y entretenida, que para lo ocurrido otras veces es bastante decir.

Publicado en Literatura | Deja un comentario

Un clásico ‘musical’ moderno: ‘La La Land’


Pedro Cascos

“Ciudad de las estrellas”, “City of stars…”. Quien haya visto la película y escuche el principio de esa tonada, volverá a ella una y otra vez. Una cinta que ha llegado para quedarse. En la línea de los mejores musicales del Hollywood, el treintañero Damien Chazelle —hasta ahora conocido por Whiplash (2014) vuelve a la música para regalarnos este clásico moderno.

Si entonces el protagonista era un prometedor batería, ahora lo son un pianista y una aspirante a actriz. Dos jóvenes, aparentes perdedores, que persisten, una y otra vez, para hacer realidad sus sueños. Que se ponen a tocar en un grupo en el que no creen encajar o a escribir sus propios textos, si eso les acerca un poco más a su objetivo. Que creen, luchan y vuelven a creer. Y mientras tanto, las flechas del caprichoso Cupido haciendo de las suyas.

Esta vez, para poner en pie su proyecto, Chazelle cuenta con dos estrellas consagradas, Ryan Gosling y Emma Stone, y eso, junto con los maravillosos temas musicales, coreografías y una historia muy bien hilvanada, coloca al filme en otro nivel. El nivel de las películas difíciles de olvidar, con esas canciones que se te pegan y de las que cuesta desprenderse.

Trufada de referencias cinéfilas: desde las más evidentes —Ingrid Bergman, James Dean y su Rebelde sin causa, el mural con multitud de actores, entre ellos, Marilyn Monroe o Charles Chaplin— hasta las más sutiles —Cantando bajo la lluvia, Un americano en París, Vértigo o Casablanca—, la cinta enlaza con lo mejor de los Stanley Donen o Vincente Minnelli, de los Gene Kelly o Fred Astaire. Incluso los musicales acuáticos de Esther Williams parecen entreverse en esa escena junto a la piscina.

Así, La La Land entronca con el cine clásico estadounidense, musical o no, pero también con filmes más recientes, como los Moulin Rouge o Romeo y Julieta de William Shakespeare, dirigidos por Baz Luhrmann y con los que comparte productor musical: Marius de Vries. Y sobre todo con ese otro gran clásico aún vivo que es Woody Allen: con su también musical Todos dicen I love you, y en particular con dos de sus últimas películas, con las que La ciudad de las estrellas podría formar trilogía.

Una es Magia a la luz de la luna, con la propia Emma Stone como protagonista, y la otra es Café Society, que directamente está ambientada en el Hollywood de la época clásica y que rinde un diáfano homenaje a Casablanca. Da gusto encontrarse, de vez en cuando, con directores como Damien Chazelle, que con su juventud hace un derroche de conocimiento de los grandes que le han precedido y podría dar relevo a los octogenarios que ya están en su ocaso. No se pierdan La La Land, no se arrepentirán.

Publicado en Literatura | Deja un comentario